Precios de referencia internacional: cómo los países fijan los precios de los genéricos
Si alguna vez te has preguntado por qué un medicamento genérico cuesta casi la mitad en Alemania que en España, o por qué en algunos países no puedes encontrar ciertos genéricos aunque estén disponibles en otros, la respuesta está en un sistema poco conocido pero poderoso: el precio de referencia internacional. Este mecanismo no es una sugerencia, es una herramienta de política pública que gobierna los precios de hasta el 78% de los medicamentos genéricos en Europa.
¿Qué es el precio de referencia internacional y cómo funciona?
El precio de referencia internacional (PRI, por sus siglas en inglés) es cuando un país mira lo que otros países pagan por el mismo medicamento genérico y usa esos datos para decidir cuánto puede pagar por él. No es adivinanza, es cálculo. Por ejemplo, si Francia paga 0,80 euros por un genérico de ibuprofeno, Alemania 0,75 y España 1,10, el sistema puede ajustar el precio español hacia el promedio o la mediana de esos valores. El objetivo es simple: evitar que un país pague más de lo necesario por un producto que todos usan y que no tiene diferencias de eficacia.
Esto no se aplica a medicamentos patentados. Allí, los precios se negocian por otros motivos: innovación, patentes, riesgos de desarrollo. Pero con los genéricos -fármacos idénticos en composición, dosis y efecto, pero sin marca- el razonamiento es distinto. Si todos son iguales, ¿por qué pagar más? Por eso, 28 de los 32 países europeos usan este sistema para controlar los genéricos, según Medicines for Europe (2022).
¿Internacional o interna? La diferencia clave
No todos los sistemas de referencia son iguales. Hay dos tipos principales: externa y interna.
La referencia externa compara precios entre países. Por ejemplo, España puede tomar como referencia los precios en Francia, Alemania, Italia, Portugal y Reino Unido. La referencia interna es más sutil: dentro de un mismo grupo terapéutico (por ejemplo, todos los genéricos de atorvastatina), el país establece un precio de referencia y solo reembolsa hasta ese límite. Si hay tres versiones del mismo medicamento, y una cuesta 0,60 €, otra 0,85 € y otra 1,00 €, el sistema solo paga 0,60 €. El paciente puede elegir la más cara, pero paga la diferencia de bolsillo.
En la práctica, la referencia interna es la que domina en Europa. De los 27 países de la UE, 24 la usan para genéricos, mientras que solo 12 usan la externa. Alemania, por ejemplo, establece un grupo de medicamentos equivalentes y reembolsa el más barato más un 3% de margen. Así, nadie paga de más por lo mismo.
¿Qué países se usan como referencia?
Los países que sirven como referencia no son elegidos al azar. Suelen ser los más grandes, con sistemas de salud estables y transparencia en precios. En Europa occidental, los más usados son: Francia, Alemania, Italia, España y Reino Unido. En Europa del Este, suelen ser Austria, Alemania y Países Bajos.
¿Por qué estos? Porque tienen datos confiables, mercados grandes y precios que reflejan costos reales. Pero no todos los países usan los mismos. Suecia, por ejemplo, usa solo los países nórdicos. Portugal, en cambio, incluye países más baratos como Bulgaria para presionar sus precios hacia abajo.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) recomienda usar entre 5 y 7 países como referencia. Más de eso no ayuda: un estudio de Panos Kanavos (2020) mostró que países con más de 10 referencias lograban solo un 31% más de reducción de precios, pero tenían un 12% más de escasez de medicamentos. Menos es más, en este caso.
¿Cómo se calcula el precio? Promedio, mediana o mínimo?
Una de las decisiones más importantes en un sistema de referencia es: ¿qué valor usas? ¿El más barato? ¿El promedio? ¿La mediana?
Algunos países, como Grecia durante su crisis financiera (2010-2018), usaban el precio más bajo de todos los países de referencia. El resultado: una espiral de bajadas. Cada vez que un país bajaba su precio, los demás lo seguían. Las empresas dejaron de producir ciertos genéricos porque no podían cubrir costos. En 2012-2015, el 37% de los genéricos en Grecia sufrieron escasez.
Por eso, la Federación Europea de la Industria Farmacéutica (EFPIA) recomienda usar la mediana o el promedio. No el mínimo. Porque el mínimo no es realista. Es el resultado de una oferta temporal, de un descuento agresivo, o incluso de un error de reporte.
En la UE, la mayoría usa la mediana. Es más estable, más predecible. Y protege a los fabricantes de que su negocio se desmorone por un solo país que decida bajar el precio.
Los efectos reales: ahorros y consecuencias
Los resultados son claros: los países que usan PRI para genéricos logran precios un 25-40% más bajos que los que no lo hacen, según la OCDE. En los Países Bajos, los genéricos cuestan entre un 65% y un 85% menos que sus versiones de marca. En Alemania, la introducción del sistema AMNOG en 2011 redujo los costos de genéricos en un 30% en cinco años.
Pero hay un lado oscuro. Cuando los precios caen demasiado, las empresas dejan de producir. En Portugal, 22 productos genéricos desaparecieron del mercado en 2019 porque los precios fijados por referencia no cubrían los costos de producción. En España, los farmacéuticos reportan que el 63% de las veces hay escasez del genérico de referencia, porque todos quieren el más barato y los fabricantes no pueden abastecerlo.
Además, los pacientes a veces se preocupan. Una encuesta de la OCDE en 2021 mostró que el 34% de los pacientes europeos temen que los genéricos más baratos sean de menor calidad, aunque científicamente no es cierto. La percepción importa, y eso crea resistencia.
¿Y Estados Unidos y Canadá?
Estados Unidos no usa PRI en sus programas federales como Medicare o Medicaid. Pero algunos estados, como Colorado, han probado sistemas limitados. En 2022, el sistema de Medicaid de Colorado logró reducir costos en un 12-15% en genéricos. No es mucho, pero es un primer paso.
Canadá es distinto. Su Junta de Revisión de Precios de Medicamentos Patentados (PMPRB) solo controla los medicamentos patentados. Los genéricos se regulan por licitaciones provinciales. Cada provincia negocia con fabricantes por volumen. Es un sistema más fragmentado, pero también más flexible. No hay referencia internacional, pero hay presión por volumen.
Lo nuevo: referencia dinámica y plataformas europeas
En enero de 2023, Francia lanzó un sistema nuevo: referencia dinámica. En lugar de fijar precios una vez al año, ajusta los precios cada trimestre según el volumen de ventas. Si un genérico gana cuota de mercado, su precio baja. Si pierde, se mantiene. El resultado: 8,2% más de ahorros en los primeros seis meses.
Y en abril de 2023, la Comisión Europea lanzó una Plataforma Europea de Referencia de Precios. Inicialmente cubre 15 medicamentos genéricos en 7 países, pero planea llegar a 100 para 2025. El objetivo: compartir datos, evitar duplicidades, y que los países no se contradigan entre sí.
Esto marca un cambio: ya no se trata de que cada país haga su cosa. Se trata de coordinar. Porque si España baja el precio y Francia no, las empresas se van a Francia. Y si todos bajan, nadie produce. La cooperación es la próxima etapa.
¿Qué pasa con los genéricos complejos?
No todos los genéricos son iguales. Un genérico de insulina o de quimioterapia puede costar tanto como un medicamento innovador. Pero los sistemas de referencia no lo distinguen. Tratan a todos igual.
Esto está empezando a cambiar. Un estudio de RAND Corporation en 2023 advirtió que los sistemas actuales podrían llevar a un colapso en los genéricos complejos. Si una empresa invierte 50 millones de euros en desarrollar un genérico de alta complejidad, y el sistema de referencia solo le permite ganar 5 millones, ¿por qué lo haría?
La OCDE ya sugiere crear grupos de referencia diferenciados: uno para genéricos simples, otro para complejos. Y asignar márgenes más altos a los últimos. Sin eso, la innovación en genéricos se detendrá.
¿Cómo afecta esto a los pacientes y farmacias?
En España, la sustitución de genéricos ha subido del 52% en 2010 al 89% en 2022. Eso significa que casi todos los médicos recetan el genérico de referencia, y las farmacias lo entregan. Es eficiente. Pero también significa que si ese genérico se acaba, el paciente no lo tiene.
En Grecia, durante la crisis, muchos pacientes tuvieron que cambiar de marca varias veces porque la farmacia solo tenía disponible la más barata. Algunos reportaron que no se sentían igual con la nueva versión. No era por calidad, era por costumbre. El cuerpo se acostumbra.
Las farmacias, por su parte, están cansadas. Tienen que gestionar múltiples referencias, verificar disponibilidad, explicar a los pacientes por qué no tienen el mismo medicamento que la semana pasada. Es un trabajo extra que no siempre se ve.
El futuro: más inteligente, no más estricto
El precio de referencia internacional no va a desaparecer. Es demasiado efectivo para controlar costos. Pero sí va a evolucionar.
El futuro está en sistemas más inteligentes: que consideren el costo de producción, la complejidad del medicamento, la estabilidad de la cadena de suministro, y hasta el impacto en la salud pública. No basta con mirar lo que paga Alemania. Hay que entender por qué lo paga, y si se puede replicar.
Los países que lo hagan bien -como los Países Bajos o Alemania- logran precios bajos, acceso amplio y poca escasez. Los que lo hacen mecánicamente -como Grecia en su momento- terminan con medicamentos que no se encuentran y pacientes que pierden confianza.
La clave no está en bajar el precio al mínimo. Está en encontrar el precio justo: el que permite que los medicamentos lleguen, que las empresas sigan produciendo, y que los pacientes no tengan que elegir entre su salud y su bolsillo.